sábado, 3 de marzo de 2012

Lluvia oscura


Diluviaba, las gotas procedentes de la tormenta mojaban todo el valle, era en teoría de mañana pero todo estaba oscuro, cubierto de una densa oscuridad apenas dejaba ver a tres palmos de ti.
En medio del extenso valle andaba el, sin prisa pero sin pausa, solo, triste y solo, no le importaba mojarse, seguía adelante con una marcha tranquila.
Estaba empapado, parecía que llevaba días andando su rostro era serio. Sin emoción alguna, sus ropajes negros y rojos estaban envejecidos, sus botas de viaje gastadas y su enorme espada colgaba de su espalda.
Ya no quedaba rastro del laúd que ante portaba, dejo de tocarlo por que no sentía emoción ninguna. Sus ojos estaban tristes y apagados, antes brillantes cada vez que la contemplaban en su casa a las afueras de Allderian la ciudad gobernada por las cortes de los talentos, hermosos tiempos de antaño, pero ella ya no estaba, la corte no existía, ni la ciudad, todo había desaparecido junto al color de sus ojos.
El dejo de ser un juglar a ser un rey sin reino, y hubiera entregado ese titulo por volver al pasado, pero ese pasado ya había acabado.
No le quedaba nada, salvo sus ropas y su espada, tenía que marchar a saldar su última cuenta y por eso recorría el mundo.
Su pelo estaba empapado y su barba de varios meses estaba descuidada.
Se detuvo en su camino, respiro hondo y descolgó su espada. Un relámpago rompió el cielo y el dio un golpe hacia su lado y cuando resonó el trueno partió en dos mitades a una sombra que había saltado silenciosamente hacia el. Se giro rápidamente como si tuviera estudiada la situación y elimino otra criatura, después otra y otra y otra.
Una hora después no quedaban ninguna mas, el siguió su camino, escucho un ruido y se giro y vio un ser todavía consciente, se acerco y le susurro.
-Soy Gebrath Barthel, anuncia a tu señora que estoy en camino.
Aplasto la cabeza del engendro y este se disolvió en el aire.
Gebrath siguió su camino.

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